Algo de eso que se ha perdido

Un breve fragmento de mi último trabajo de clase, llamado He estado nadando.
«¡Sí, todo aquello acabó! A menudo debo repetirmelo,
tengo que encadenar con esas palabras mi alma para que se esté tranquila,
para que no se excite con absurdas y pueriles tentativas».
He acumulado tantas cosas que a veces me encuentro con un souvenir que no me recuerda absolutamente nada. En un ejercicio antropocéntrico llegué a pensar que me había ausentado tanto tiempo de casa que las conchas de mar que guardaba se habían olvidado de mí, y que ahora se negaban a contarme su historia. Estableciendo una analogía con la obra Old House de Rabih Mroué, no es exactamente como si no pudiera recordar cómo era el edificio antes de ser derruido, sino más bien como si Mroué no recordase haber hecho la pieza misma. Es una especie de desentendimiento involuntario que tiene un sabor ciertamente extraño. Como decía antes, aspiro, algo ridículamente, a tener mis recuerdos tan a la mano como cualquier conocimiento que pueda buscar en la red. Nunca suelto del todo. Cuando estoy segura de haber olvidado, intento recordar qué es lo que había olvidado. «Noches hubo en que me creí tan seguro de poder olvidarla que voluntariamente la recordaba». Recuerdo y olvido se abrazan en mí sempiternamente, o hasta mi muerte definitiva. Me gusta tanto la danza del recuerdo y el olvido que el desamparo más profundo solo llega al final del camino, cuando el recuerdo está vacío. He olvidado qué es lo que estaba en proceso de olvidar. No puedo recordar qué es lo que estaba olvidando, o cuánto lo había olvidado la última vez que lo recordé. He perdido la oportunidad de revivir lo que sea que podría haber revivido. Se ha roto el motor de mi máquina del tiempo. He muerto un poco, quizás. Veo una concha y no recuerdo haberla recogido yo. Cabe suponer que sí, pero la miro y me devuelve la nada. Le pido perdón porque sé que no la estoy sabiendo cuidar. Probablemente la próxima vez que vaya al mar y huela la sal recordaré lo que había olvidado, quizás sin saber siquiera que era eso lo que intentaba recordar. Si me acuerdo os lo diré cantando, pero por ahora esto no es seguro y solo se me ocurre intentar hacer un hueco a la pérdida. Lo siento, no sé qué es lo que he perdido exactamente, no sé señalar qué ha cambiado en mí para haber podido olvidar todo esto, pero todo está bien, puedo dejarlo estar: simplemente es un signo de que he seguido aquí. Así que no pasa nada si olvido algunos detalles de mi vida, es algo que va a ocurrir, puesto que mi vida son infinitos detalles. Eso es, mi vida es una infinidad de destellos. ¿Cómo intentar retenerlos todos? No vale la pena hacerlo. Algunos detalles permanecerán en mi memoria, otros en mi piel y otros en los corazones de mis seres queridos, pero muchos otros se perderán para siempre. Dejo que el agua corra por su cauce, que los años pasen y que algunos momentos caigan demasiado lejos. Debo verlo así. Con algo de suerte escribiré tanto que olvidaré haber escrito este trabajo.
